# Capítulo 29: Cazador vs. Presa
## I. El precio de la debilidad
El aire alrededor del peque?o lago hervía con la furia recién despertada de Zack. La cabeza cercenada de Zuko yacía en el lodo, un testimonio silencioso de la velocidad brutal con la que el **Cazador de Ojos Negros** podía actuar, incluso bajo la influencia de la habilidad **"Fraco"** (Debilidad).
Nati, general de Ygon, dio un paso atrás, con los ojos fijos en el cuerpo de su aliado. La sonrisa cruel que adornaba su rostro de belleza letal se desvaneció, reemplazada por una incredulidad fría. Estaba acostumbrada a ver el terror, pero la mirada de Zack, desprovista de miedo y llena de una promesa de dolor lento, era algo nuevo.
— Nati... —la voz de Zack era un susurro ronco, un sonido que parecía haber sido raspado en piedra—. Voy a matarte, desgraciada.
La amenaza no era un grito de ira, sino una sentencia innegociable. Nati sintió un escalofrío, pero recuperó rápidamente la compostura. Ella era la maestra de la manipulación, y la debilidad de Zack era su mayor arma.
— Qué lástima, **Mesías** —respondió Nati, con su voz vibrante y musical, intentando envolver a Zack en su mando—. Estás debilitado, con el poder de una rata, y tu amiga, a quien tanto aprecias, es ahora mi marioneta. No puedes tocarme.
Nati se?aló a K, que estaba a su lado, con los ojos rojos opacos y una postura rígida.
— **Mátalo, K.**
K se lanzó hacia adelante. Con la fuerza física de Zack, sus movimientos eran un borrón de violencia. El primer pu?etazo llegó con la fuerza de un ariete, dirigido a la barbilla de Zack. él lo esquivó, y el golpe desgarró el aire donde había estado su cabeza. El impacto de la fuerza de K contra el suelo abrió una fisura en la tierra.
Zack, ahora con la fuerza de K, era rápido, pero no poderoso. él era la presa, y K, su cazadora. Sin embargo, la experiencia de Zack era un abismo insalvable. No estaba luchando solo contra la fuerza de K; estaba luchando contra su propia fuerza, que ahora lo atacaba.
K lanzó una serie de patadas y pu?etazos, cada uno cargado con la intención de matar. Zack se movía con una economía de esfuerzo casi insultante. No bloqueaba; esquivaba por milímetros, usando la inercia de los golpes de K contra ella misma.
— Tienes mi fuerza, K —dijo Zack, con voz tranquila, mientras se inclinaba hacia atrás para evitar una patada circular que le habría roto la columna—. Pero no tienes mis a?os de dolor. No tienes mi hambre.
Nati observaba, con una frustración creciente. La pelea debería haber terminado en segundos. K estaba usando la fuerza de mil millones de monedas, pero Zack, el original, estaba convirtiendo la desventaja en una danza humillante. Era un fantasma, un reflejo que K no podía tocar.
— ??Por qué no caes?! —gritó Nati, la melodía de su voz quebrándose por la desesperación. Intentó un mando directo sobre Zack—. **?Arrodíllate y pide perdón!**
Zack se detuvo un momento, mirando a Nati. Sus ojos negros eran pozos vacíos.
— Tu mando es débil, Nati —respondió, con la voz cargada de un escándalo filosófico—. Intentas controlar la mente de un hombre que ya ha perdido la suya. ?Qué puedes ofrecerme a cambio de mi voluntad? ?Más dolor? ?Más culpa? Soy el Rey del Horror, Nati. Tu susurro es solo ruido blanco para mí.
## II. El escudo humano y el veneno
Nati se dio cuenta del error. La mente de Zack era un paisaje devastado, inmune a la manipulación superficial. Necesitaba tácticas más viciosas.
— ?Si no caes, te obligaré a vacilar!
Nati se lanzó hacia adelante, activando sus guantes. Garras rojas, largas y afiladas como escalpelos, emergieron de sus dedos. Se posicionó detrás de K, usando a la cazadora controlada como un escudo humano.
K continuó su ataque, pero Zack ralentizó sus movimientos. No podía arriesgarse a un golpe que hiriera a K.
— Eres patética, Nati —siseó Zack, esquivando un pu?etazo de K y un zarpazo de Nati simultáneamente.
— ?Patética, pero viva! —Nati se rió, y sus garras brillaron con un tono verdoso—. Este es el veneno paralizante, Cazador. Un rasgu?o y estarás en el suelo, babeando.
Zack retrocedió, con la Luna Negra en su mano. No podía usar la espada contra K, pero necesitaba deshacerse de Nati. Lanzó un tajo horizontal, apuntando a la cabeza de Nati.
Nati usó a K. Empujó el cuerpo de K hacia adelante, obligando a Zack a detener el golpe a mitad del movimiento. La hoja se detuvo a una pulgada del cuello de K.
— ?Ves? ?Eres predecible! —Nati aprovechó la vacilación de Zack para deslizarse bajo el brazo de K y lanzar un golpe con sus garras.
El veneno paralizante falló, pero las garras desgarraron la carne del antebrazo de Zack. Sintió un dolor punzante y la sangre comenzó a fluir.
Nati cambió el veneno a un tono azul oscuro.
— Este es el veneno somnífero. Te dormirás y te entregaré a Ygon.
La pelea se convirtió en un ballet macabro de esquivas y contención. Zack luchaba con una mano atada, forzado a proteger a K mientras intentaba neutralizar a Nati.
Nati, al darse cuenta de que la lucha física no lo perturbaba, decidió atacar lo que quedaba de su alma.
— ?K, míralo! ?Mira al monstruo que te usó para llegar a Ygon!
La voz de Nati, llena de veneno emocional, golpeó a K. Por un instante, el brillo opaco en los ojos de K parpadeó. Una lágrima rodó por su rostro. Estaba luchando contra el control.
— **?Eres un error, Zack!** —gritó Nati, aprovechando la apertura—. **?No eres un mesías! ?Tú eres la razón por la que tu amiga fue ahorcada!**
El cuerpo de K tembló. Logró un microsegundo de control y sus ojos rojos se fijaron en los de Zack, llenos de dolor y súplica.
— **Perdóname...** —susurró K, con la voz entrecortada.
Nati la arrastró inmediatamente de vuelta al control, obligando a K a golpearse a sí misma en la cara como castigo por su debilidade.
Zack no se movió. La escena fue un golpe directo, pero permaneció inalterable.
— ?Crees que su dolor me quiebra? —respondió Zack, con la voz fría como el hielo—. Vivo con su dolor. Vivo con el dolor de todos a los que no pude proteger. Tu manipulación es infantil, Nati.
## III. El toque de la Luna Negra
La furia de Nati llegó a su punto máximo. No podía quebrar al hombre ni matarlo fácilmente. Necesitaba un golpe de suerte.
— ?Tus sentimientos te matarán, Cazador!
Nati y K sincronizaron un ataque. K, con la fuerza de Zack, lanzó una serie de pu?etazos al rostro de Zack, mientras Nati, con sus garras, cambiaba el veneno a un tono carmesí, el veneno que pudre la carne.
*?CRACK!*
Los pu?etazos de K golpearon a Zack de lleno, rompiéndole la nariz y la mandíbula. La sangre brotó a borbotones. Al mismo tiempo, Nati hundió sus garras en el pecho de Zack, desgarrando la carne en un profundo corte diagonal.
Zack se tambaleó hacia atrás, la Luna Negra resbaló de su mano y cayó al lodo. La herida era grave, exponiendo costillas y músculo.
Nati se rió, un sonido agudo y victorioso.
— ?Finalmente! ?Después de todo, solo eres carne! ?Mil millones por esto? ?Fue demasiado fácil!
Se acercó a la espada caída, el trofeo de su victoria. K estaba a su lado, jadeando, pero aún bajo control.
Nati se inclinó, recogió la Luna Negra y la levantó por encima de su cabeza, preparando el golpe final. La hoja negra, fría y antigua, reflejaba la luna roja.
En el instante en que sus dedos tocaron la empu?adura de la espada, el mundo de Nati se hizo a?icos.
Ya no estaba en el campo de batalla. Estaba en su **peque?a aldea**, con el olor de la masa de pan fermentando en el aire. Los ni?os reían, con las manos cubiertas de harina. Sus padres, con rostros borrosos en negro y ojos de luz pura, sonreían. Era la paz que había perdido, la inocencia que había enterrado.
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Entonces, apareció el **anciano del kimono azul**. Eligió a un ni?o, el ni?o con el rostro borroso en blanco y ojos azul cristalino.
Nati vio a sus padres entregar al ni?o al anciano. Escuchó las risas, el tintineo de los vasos, la celebración. Y, de fondo, el sonido que la desgarró: el llanto del ni?o, suplicándoles que se detuvieran.
El trauma, absorbido por la Luna Negra, explotó en la mente de Nati.
— **?BASTA!** —gritó, pero el sonido solo se hacía más fuerte.
El olor a pan se convirtió en olor a sangre. La luz pura en los ojos de sus padres se convirtió en oscuridad. Nati corrió, desesperada, hacia la penumbra, huyendo de esa pesadilla de inocencia perdida.
Pero la oscuridad no estaba vacía. Al fondo, había dos **ojos blancos gigantes**, más grandes que monta?as, observándola. No parpadeaban, no juzgaban, simplemente *eran*. Y Nati lo supo: esos ojos eran su sentencia.
Nati lanzó un grito gutural, el sonido de un alma haciéndose pedazos. Soltó la Luna Negra, que cayó al lodo. Se llevó las manos a la cabeza, temblando incontroladamente, con lágrimas corriendo por su rostro.
Zack, tambaleándose, aprovechó el momento. Se arrastró detrás de Nati, que estaba completamente catatónica.
— El precio de tu arrogancia, Nati, es tu alma.
Con un golpe seco y preciso en la nuca, Zack dejó inconsciente a la general.
K, libre del control, cayó al suelo, exhausta, con el cuerpo temblando por la liberación repentina.
Zack recogió la Luna Negra. La hoja negra, al tocar su mano, comenzó a pulsar. Una energía oscura y densa surgió de la espada, envolviendo el cuerpo de Zack. La profunda herida de su pecho comenzó a cerrarse, la carne regenerándose a un ritmo antinatural. La Luna Negra no solo absorbía el dolor; lo transformaba en poder.
Zack miró a K, luego a Nati y, finalmente, al cuerpo decapitado de Zuko. La luna roja en el cielo parecía más brillante, siendo testigo del caos.
Estaba debilitado, pero vivo. Y ahora, tenía a una prisionera (Nati) y a una amiga exhausta (K) bajo su cuidado, junto con una monta?a de preguntas.
***
### El abrazo y la sentencia
## I. Cautiverio y rutina
Nati despertó con un dolor punzante en la nuca, un recordatorio seco y brutal de su derrota. Estaba en una celda improvisada pero segura en el sótano de Zack. Las paredes eran de ladrillo frío y la única luz provenía de una peque?a grieta en el techo. La humillación de la derrota era menor que el terror que la Luna Negra había sembrado en su mente. El olor a pan recién horneado y café, sin embargo, era una anomalía que la confundía.
Lyra y Mira se turnaban para cuidar de "El Ni?o", ense?ándole a manejar la daga con la dulzura de madres y la precisión de guerreras. K, la pragmática, entrenaba com ferocidad silenciosa, pero nunca perdía la oportunidad de lanzar miradas de desaprobación a Zack.
Nati notó la contradicción: el hombre cuya cabeza valía mil millones, el más temido del mundo, era el centro de un hogar. Era gentil con las mujeres, paciente con el ni?o y cargaba con la fragilidade de alguien al borde del colapso.
## II. La deconstrucción de Nati
La mente de Nati era un campo de batalla. El silencio de la celda traía de vuelta los flashbacks que la Luna Negra había despertado.
Tenía solo ocho a?os cuando el **falso anciano** comenzó. Toda la aldea lo adoraba. A los catorce, el abuso era una rutina silenciosa, y la traición de sus padres, que la entregaron a cambio de bendiciones y estatus, fue la herida más profunda.
*El olor a pan recién horneado...*
Recordó el olor del pan fermentando en casa de sus padres, mientras el anciano se la llevaba al establo. El olor de la inocencia mezclado con el olor de la podredumbre.
Entonces, llegó **Ygon**.
No era un salvador de cuento de hadas. Era un gigante de ojos rojos que destruyó la aldea en nombre de un nuevo orden. La encontró a ella, sucia y rota, y la sacó del establo.
> "Ya no eres una víctima. Eres **Nati**. Y a partir de hoy, tu dolor será tu fuerza".
Ygon la abrazó, un abrazo que no era de lujuria, sino de cuidado. La entrenó, le dio un nuevo nombre y un propósito. Nati lo veía como un mesías que la sacó del sufrimiento.
Nati racionalizaba la caza de Zack: Ygon necesitaba fama, aliados. Matar al hombre más peligroso del mundo era la prueba perfecta de poder. Era un sacrificio necesario para su salvador.
## III. Tensión familiar
K no pudo contener su frustración.
— ?Zack, ella es una general de Ygon! ?Intentó matarnos! ?Por qué sigue viva? —preguntó K, con voz baja pero cargada de veneno.
Zack estaba afilando la Luna Negra, el sonido metálico llenaba la habitación.
— Es una prisionera, K. Y una fuente de información.
— ?Información? ?Intentó matarte con tu propia fuerza! ?E intentó quebrarme con mi propio dolor! ?Mátala, Zack! ?Es el pragmatismo que nos ense?aste!
K miró a Lyra y Mira buscando apoyo, pero ellas solo negaron con la cabeza.
— Zack siempre tiene una razón, K —dijo Mira, sin apartar los ojos de "El Ni?o" que entrenaba.
Nati, en la celda, observaba la escena. No entendía por qué Zack no discutía con K.
— ?Por qué no me matas, Cazador? —gritó Nati un día, con voz ronca.
Zack se acercó a la celda, con el rostro cansado.
— Eres maleducada, Nati —dijo, con una ligera sonrisa—. Pero no te mato porque... no todo se resuelve así. A menudo, un abrazo es suficiente.
Nati sintió que la bilis subía. Escupió en la cara de Zack.
— ?Hipócrita!
Zack se limpió la cara con la manga, con su sonrisa inquebrantable. — Sé que estás sufriendo, Nati. Y no te daré el alivio de la muerte.
## IV. El Ni?o y la liberación
"El Ni?o" era persistente. Todos los días le traía un trozo de pan y una taza de agua a Nati.
— No deberías estar aquí —dijo un día, con sus ojos dorados disfrazados fijos en ella.
— Soy una prisionera —respondió Nati, con voz fría.
— No pareces una prisionera. Pareces triste.
Nati no respondió.
Una noche, "El Ni?o" fue a la celda. Usó la daga que Zack le había dado para forzar la cerradura.
— Eres libre —susurró.
Nati salió de la celda, con la adrenalina corriendo por sus venas. Se giró hacia el ni?o, con intención asesina en los ojos. Se preparó para atacarlo, para matarlo y luego matar a todos los que estaban allí.
Pero, al mirar a "El Ni?o", se vio a sí misma a los ocho a?os, antes del anciano. Vio la inocencia que le habían robado. Vio la sonrisa del ni?o, una sonrisa pura y sin malicia.
No quería ser un monstruo como sus padres y el anciano.
"El Ni?o" se acercou y la abrazó. Su cuerpo peque?o y cálido contra la armadura fría de Nati.
Nati recordó la frase de Zack: *"A menudo, un abrazo es suficiente".*
No devolvió el abrazo, pero tampoco lo apartó. Sintió que el dolor se transformaba en algo diferente.
## V. La despedida silenciosa
Nati se alejó del ni?o. No lo atacó. No atacó la casa. No atacó a la familia.
Se giró y corrió hacia la oscuridad del Bosque Rojo.
Zack estava en el tejado, viéndola irse. No la detuvo. No la llamó.
Simplemente sonrió, una sonrisa de alivio y cansancio.
La sentencia de Nati no fue la muerte, sino la libertad de elegir quién sería.

