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Una nueva esperanza en el Sur.

  Los miembros del Concilio estaban parados en la terraza del Gran Castillo en una fila que miraba directo hacia el podio, donde estaban de pie Ludan y Sarric.

  Envueltos en túnicas negras sin una arruga encima, todos lucían de forma similar con sus barbas largas y blancas, como la de Lord Lororin. Todos aquellos honorables se?ores habían aplaudido con entusiasmo mientras los dos mercenarios caminaban hacia el estrado.

  Para Ludan aquella terraza alta sobre la Roca, la misma que habían recibido el misterioso ataque de las arpías, lucía del todo diferente, perfectamente arreglada y con meseros moviéndose de un lugar a otro entre las mesas, llevando vino a los magos de menor rango durante la premiación. El elfo se fijó en Lord Lororin. El viejo hombre parecía menos cansado desde aquel entonces, y al parecer había recuperado todo su vigor. Aunque tenía la cabeza ligeramente encorvada hacia adelante, él sabía que aquel anciano solo podría encargarse de un ejército de orcos con el maná y la distancia suficiente, aunque buena parte de esa energía la usaba conspirando y tejiendo redes a lo largo de Anen y más allá, expandiendo los designios de su ancestral Orden.

  él es sin duda el hombre más influyente de los magos, aunque no le gusta que los demás lo sepan. Había pensado Ludan después de que fuera el alcalde de la ciudad, Lord Pandolf, y no él, quien les entregara las placas de honor. Aunque sabía que el discurso que el viejo mago que gobernaba en Panxian había sido del todo influenciado por Lororin.

  —Estas placas son concedidas con el mayor de los agradecimientos por parte de nuestra Antigua Orden a la compa?ía de los Dos Guerreros de las Sombras, cuyas acciones les han dado el título de Guardianes de la Roca Ancestral. —había dicho el alcalde. El premio tenía la forma de un centauro encornado, la insignia principal de la Orden. —Con sus valerosas acciones de avanzar al norte hacia una avezada horda de jinetes esteparios, y de influenciar del todo sus acciones, han conseguido salvar a nuestra ciudad de un peligroso asedio, por lo que les estamos eternamente agradecidos. Ahora se pueden considerar miembros de primer nivel de nuestro Concilio, Lord Sarric, Se?or de la Noche, y Lord Ludan, Veterano de los Bosques del Otro Lado del Mar.

  Los dos compa?eros habían recibido las estatuas miniatura en medio de aplausos, y cuando había terminado la ceremonia habían recibido copas de vino por parte de los mayordomos. A pesar de la alegría inicial por haber recibido una importante cantidad de oro, que les ahorraría muchos a?os de trabajo pesado, Ludan sabía que las cosas no iban bien.

  Bebió una copa de vino mientras observaba el mar de Elnia en medio de la noche. Sus ojos de elfo le permitían ver con perfecta claridad el intenso oleaje allá abajo.

  Xyrna ha muerto, desde aquí lo puedo sentir. Pensó, mientras sentía un vacío en el estómago. Los elfos tenían un sexto sentido para esas cosas. Cuando se había compartido tanto tiempo con una dama, era algo inevitable. A pesar de la inminente tristeza, sintió que una carga se le quitaba de encima. Ahora sólo vivirá convertida en el demonio que habita en mi interior, y que yo mismo cree. Pero tarde o temprano, también encontraré la forma de deshacerme de él.

  Sarric estaba a su lado, también mirando el mar de forma nostálgica. Aunque el vampiro no era del tipo sentimental, Ludan sabía que algo le ocurría, y no pudo evitar preguntárselo.

  —Hemos perdido nuestra libertad, hermano. —respondió él.

  —?A qué te refieres? Seguimos siendo perfectamente independientes.

  El vampiro emitió una carcajada baja.

  —Me temo que no, Ludan. Una vez que te unes a una hermandad de magos como esta, no hay vuelta atrás. Ahora somos inmensamente ricos, sí, pero nuestros días como agentes del todo independientes han terminado.

  El elfo no respondió. Sabía que cuando el vampiro declaraba algo, siempre resultaba ser cierto. Para bien o para mal, ahora estaban atados a aquella misteriosa hermandad imperial que llevaba varios siglos operando desde las sombras, sigilosa como una pantera en la maleza que poco a poco se va haciendo fuerte.

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  El máximo exponente del Concilio pronto se acercó a ellos en el balcón donde seguían mirando el mar de forma taciturna.

  —Mis apreciados se?ores, ahora todos nuestros miembros saben de la haza?a que han realizado de forma oficial, si bien muchos de ellos ya habían escuchado rumores.

  Ludan se fijó en los magos de túnicas oscuras a su alrededor, hablando y bebiendo, unos de forma silenciosa, otros jocosamente, pero todos con el común andar de alguien poderoso, que tiene a un gran grupo de seres bajo su mando.

  —Ustedes son la viva prueba de aquel refrán que dice “un sólo hombre puede cambiar el curso de una guerra”.

  —Estamos agradecidos con sus palabras, mi se?or. Bienhallado sea el momento en el que decidimos acudir a la honorable ciudad de Panxian. —respondió Sarric, dando otro sorbo al vino.

  —Concuerdo con mi socio, mi se?or. Gracias a ustedes, nuestros duros días de saqueo en el desierto de los orcos parecen haber terminado.

  El viejo mago emitió una carcajada leve.

  —Pueden apostar a que sí, mis se?ores. Además, si siguen trabajando para nosotros, como esperamos hagan, el oro recibido será apenas el principio. Aunque nuestra ciudad se ha salvado por poco, gracias a su brillante trabajo en gran medida, me temo que esta guerra está muy lejos de terminar. Las hordas han llegado a Dalux, y parecen estar preparadas para un prolongado asedio.

  El vampiro suspiró.

  —Mi se?or, aunque hemos hecho lo que ha estado a nuestro alcance para sabotear el avance de las hordas, me temo que no podremos hacer nada por la capital. Un ejército bien compacto y con tanta movilidad, concentrado en un sólo punto, es algo a lo que no podemos hacer frente.

  Ludan se sintió complacido de escuchar hablar a su compa?ero con tanta franqueza, aunque no olvidaba las palabras que el vampiro justo había dicho. Una vez que te unes a una hermandad de magos como esta, no hay vuelta atrás.

  —Oh, por supuesto que nunca enviaría a unas tropas de élite tan apreciadas como ustedes a una misión suicida. Me temo que la ciudad está condenada, en el mejor de los casos. Oh no. La nueva misión que tenemos para ustedes, en caso de ser aceptada, se encuentra en el Sur, en las inmensas selvas del sur.

  Los dos compa?eros se miraron. Aquella locación a la que se refería el mago no podía ser otra que el selvático país de Ixtul… allí donde el emperador había enviado todas sus fuerzas, y de las que no habían regresado buena parte de ellas. Esa era sin duda una de las razones por las que ahora los klurzitas estaban en las mismísimas puertas de la capital imperial. ?Por qué los querían enviar allí aquellos misteriosos hechiceros?

  —No me miren con esa cara, mis se?ores. Será una misión rápida, y pronto estarán aquí. Por otra parte, el pago será mucho mejor de lo que han obtenido hasta ahora.

  Ludan no estaba del todo seguro… pero había visto la expresión de Sarric con la mención del oro. La ambición era demasiado grande en un vampiro… habría que partir al Sur sin ningún remedio. Aún así, su compa?ero fingió escepticismo.

  —?De qué tipo de misión estamos hablando, mi buen se?or?

  —Hace unas horas sentí la pérdida de uno de nuestros efectivos más importantes… una espadachina que empezamos a criar desde su más tierna infancia… sin que ella lo supiera. Resulta que había alcanzado buena parte de sus máximos poderes, y estábamos a punto de hacer que retornara para que se uniera a nuestra Orden en pleno derecho, pero parece que ha muerto.

  Ludan sintió un estremecimiento interior. Sintió que aquella muerte de la que hablaba el mago de algún modo coincidía con la pérdida que él mismo había sentido de Xyrna..

  —Con todo respeto, Lord Lororin, si ya ha muerto ?qué podemos hacer por ella?

  El mago sacó un orbe de color morado de los pliegues de su túnica.

  —La van a resucitar. Verán, todos los miembros de nuestra orden, al ingresar, tienen una segunda oportunidad en este mundo… incluso ustedes. Esas placas que han recibido, no son simples premios de agradecimiento. Si llegan a morir, un orbe de resurrección como este los traerá de vuelta a la vida. Me temo que Yowo, la guerrera de la que les hablo, ha muerto, pero con este elemento la pueden rastrear y salvar de las Tinieblas Eternas. Es algo que en el futuro alguien puede hacer por ustedes, ahora que son miembros del Concilio, y así mismo, sólo alguien tan listo como ustedes nos puede ayudar en este momento para no perder un activo tan valioso. ?Todavía cuentan con el orbe de rastreo?

  —Sí, mi se?or.

  —Muy bien, las monturas más rápidas con las que contamos están listas en los establos. Les agradecería que partieran de inmediato. Todavía tenemos una esperanza de ganar esta guerra, y aquella mujer es una pieza clave. Buenos vientos, mis se?ores.

  Entonces, una ventana de esperanza emergió en el fondo del pecho del elfo… tal vez Xyrna también tenía una oportunidad.

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