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Almas al borde del abismo.

  La acción comenzó cuando los dos héroes entraron en la primera sala de la pagoda. Los espíritus de túnicas blancas cayeron sobre ellos desde los costados, reflejando sus sombras en todas las direcciones. Nava’rel esquivó las garras afiladas de uno de los seres, al tiempo que entraba en el estado sigilo para evitar a los demás.

  Por su parte, Tesca los recibió encantado con su cimitarra corta. Los aturdía con hábiles movimientos de sus piernas y su cuerpo, al estilo de combate nutch, que imitaba los movimientos naturales de los felinos, para luego liquidarlos con el sable.

  La arpía combatía de forma mucho más estratégica, dado su reducido nivel. Los espíritus malignos eran rápidos, y llegaban a ella con una velocidad abrumadora, pero valiéndose de su invisibilidad, Nava consiguió permanecer en combate, y pronto pudo acabar con uno cayendo sobre él desde el aire.

  ?Has alcanzado el nivel dieciséis! Todos tus puntos han sido destinados al elemento viento.

  La arpía sintió una oleada de satisfacción en su pecho al ver la notificación, pero se tuvo que mover con rapidez a una de las esquinas de la sala, donde las sombras naturales del recinto potenciaban su estado de semi invisibilidad. Sus puntos de maná y de vida comenzaron a regenerarse de forma lenta mientras los monstruos la buscaban de forma por la sala, entre las estatuas de piedra de guerreros antiguos.

  La arpía aprovechó la pausa para fijarse en el combate de Tesca, que se movía entre los rápidos monstruos de la sala como un felino de viento, esquivando sus garras por puro instinto, y dando estocadas limpias en sus puntos críticos. Por un momento pensó que el número de monstruos lo iba a abrumar, pero el guerrero controló la situación, como un oso enorme rodeado de lobos.

  Es realmente bueno. Pensó. Ninguno de los héroes vinculados a mi padre, ni siquiera Yowo, tiene un poder semejante. Entonces sintió un estremecimiento. Sólo espero que esta gente de la selva permanezca como aliada, o estaremos perdidos.

  En cuanto recuperó el maná suficiente, la arpía se lanzó sobre las sombras que permanecían en la periferia de la sala, preparadas para caer sobre Tesca mientras el guerrero se encargaba del jefe, el espectro de un enorme simio nebuloso que podía crear copias ficticias de sí mismo.

  Como una asesina experta, Nava surgía por la espalda de los monstruos cuando su vida era baja, aniquilándolos con sus garras largas.

  Pronto la sala estuvo del todo limpia, y una explosión de notificaciones apareció frente a su rostro. Todos sus hechizos de ataque y defensa se habían potenciado, y había quedado a pocos puntos de alcanzar el siguiente nivel, algo que le habría costado semanas de cacería juiciosa en la selva abierta.

  —No conocía esos saltos mortales…— le dijo, todavía agitada tras el fragor del combate.

  —Ya conoces algunos de mis movimientos, pero suelo guardar los mejores para el final. — respondió él con una sonrisa.

  Nava se sonrojó y se limitó a guardar silencio… mientras trataba de ahogar los recuerdos de la velada pasada… tenía que tener sus sentidos al límite para la siguiente sala.

  En cuanto su barra de maná se llenó de nuevo, el guerrero la condujo al siguiente nivel de la mazmorra. Esta vez no se trataba de una sala típica de combate oriental, sino de una especie de caverna calurosa.

  Su habilidad pasiva Ojos de águila se activó en cuanto entró con pasos cortos a la sala, revelando una multitud de trampas de púas venenosas en el suelo y las paredes rocosas.

  Entonces el conocimiento universal incrustado en su mente le indicó que sólo un tipo de criaturas que habitaban cuevas eran lo suficientemente taimadas y listas para infestar su territorio de trampas.

  Orcos… no, los orcos ordinarios no son tan listos… altos orcos. Pensó, con una punzada de terror en las entra?as.

  En efecto, después de avanzar por una curva, se encontraron con un escuadrón de al menos veinte orcos fornidos de piel roja y tatuajes negros, acompa?ados por lobos descomunales y peque?os dragones voladores de piel verde escamada.

  Los tipos los se?alaron y se lanzaron sobre ellos como una jauría de hienas hambrientas.

  —Disfruta del espectáculo, mu?eca. Yo me encargó de nuestros amigos— dijo el nutch, sacando de nuevo su sable.

  Nava se limitó a tragar saliva, imaginando cómo un solo guerrero del tipo luchador/espadachín que sólo tenía habilidades cuerpo a cuerpo podía encargarse de semejantes bestias.

  Pronto lo comprobó con sus propios ojos: aunque más altos y con músculos más grandes, los orcos no tenían nada que hacer contra alguien tan rápido y experimentado en el combate a melé.

  El baile de Tesca iba un compás más rápido, como si el guerrero ya supiera de antemano los movimientos de sus enemigos. Su túnica blanca se movía como el céfiro entre aquel mar de pieles rojas y lobos.

  Aunque los altos orcos eran los más listos de su especie, no eran tan espabilados para darse cuenta del juego en el que el nutch los estaba atrayendo: nunca dejaba que lo rodearan por completo, y combatían casi en fila de manera involuntaria, hipnotizados por los movimientos de felino del guerrero espadachín, que los acababa de a uno, al tiempo que esquivaba las bolas de fuego de los dragones y las dentelladas de los huargos.

  La arpía observaba y memorizaba los movimientos del nutch, aunque muchos eran tan rápidos que no alcanzaban a ser captados por sus ojos de águila.

  En un punto pensó en participar del combate, usar sus garras afiladas para rematar a los orcos o a sus mascotas moribundas, pero se contuvo, y prefirió seguir observando a Tesca. No valía la pena arriesgarse, y en todo caso estaba ganando puntos de experiencia de forma pasiva sólo por estar presente en el combate.

  Además, su intervención no era necesaria. El nutch se las estaba apa?ando él sólo sin apenas esforzarse.

  Al final Tesca acabó con el último orco de la compa?ía, un mago de da?o que cargaba un cetro de madera. El orco arcano no vio venir la cimitarra de su verdugo mientras intentaba invocar otro lobo, y el arma se clavó en su frente con un tajo rápido.

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  El ser murió con un grito desgarrador que Nava no llegó a oír por estar inmersa en la última notificación desplegada ante sus ojos.

  Has alcanzado el nivel 19. Has aprendido una nueva habilidad: Salto trampa. Esta habilidad te permite teletransportarte de un lado a otro a una distancia de un metro, sin importar qué obstáculo pueda interponerse en el camino.

  Esta nueva habilidad la emocionó tanto que se lo comentó a Tesca.

  —Ya eres toda una asesina— dijo él, limpiando su espada de sangre verdosa. — Y una potencial ladrona. Con esa habilidad podrás atravesar paredes, lo que te permitirá infiltrarte en cualquier edificio, siempre que no tenga defensas mágicas.

  —No me gustan los lugares cerrados. Prefiero la selva, me hace sentir libre.

  él se encogió de hombros.

  —En la selva también puede resultar útil. En especial a la hora de cruzar obstáculos como ríos o incluso para escapar de un depredador, o atrapar a una presa.

  Era cierto. Tendría que acostumbrarse a su nueva habilidad hasta interiorizarla lo suficiente. El instinto le dijo que una vez la dominara, podría navegar la jhada con suma facilidad, casi como un trotaselvas.

  Su cuerpo se tensionó al máximo al constatar que estaba a punto de entrar en la última sala de la pagoda. Aunque la arpía había errado por la selva matando criaturas peligrosas, hasta ahora no había hecho una mazmorra en toda regla. Tesca era un luchador poderoso, pero nunca se sabía qué podría acechar en lo alto de la torre.

  El guerrero frunció el ce?o mientras empezaba a subir las escaleras que llevaban al siguiente nivel.

  —Puede que en la última sala si necesite algo de ayuda, mi se?ora. Mantén los ojos bien abiertos.

  Desde el momento en que cruzaron el portal Nava supo que algo no estaba bien. El campo de batalla también parecía una especie de caverna, pero de algún modo era diferente de la de los orcos. La de ellos tenía un color similar a las cuevas de Ixtul. En cambio, aquel lugar era mucho más oscuro. Las paredes rocosas eran de un negro ligero que se confundía con un púrpura intenso.

  Entonces un pensamiento arrojado por su conocimiento ancestral heredado le indicó el lugar en el que se encontraba: el Vacío.

  Las viejas leyendas hablaban de una dimensión paralela que albergaba criaturas de origen insectoide que so?aban con invadir el mundo conocido. Aparecer en un portal con aquellas características sólo podía indicar que aquel lugar tenía que ser real. Allá afuera había un peligro mucho más grande que los escuadrones imperiales de Anen. O mejor dicho, allá abajo.

  De pronto el suelo rocoso comenzó a temblar bajo ellos.

  -?Prepárate!- gritó Tesca, haciéndose a un lado de un salto felino.

  El piso se empezó a abrir por varios lugares del campo, dando paso a unos gigantescos tentáculos. Una enorme cabeza apareció en la mitad del lugar, mostrando un ojo descomunal de pupila ovalada.

  ?Alerta! El se?or del Vacío ha surgido de las entra?as de la Tierra. Morir aquí drenará tu alma a las profundidades.

  La arpía apenas alcanzó a procesar la información, cuando tuvo que usar su nueva habilidad en un acto reflejo, para poder esquivar un tentáculo enorme dirigido a su posición. El golpe rompió el suelo rocoso allí donde golpeó, haciendo más inestable el terreno.

  De pronto Nava’rel se vio moviéndose por toda la cueva, esquivando los rápidos golpes de la criatura. En respuesta daba zarpazos en las extremidades del monstruo, pero apenas causaban da?o.

  Tesca por su parte era más rápido: había conseguido escurrirse hasta la cabeza de la criatura saltando de piedra en piedra, lo que había provocado que la mayoría de tentáculos se dirigieran a él.

  Pero el jefe de la mazmorra era listo, y seguía acosando a Nava con sus otros tentáculos, sin darle tiempo a respirar. Un pensamiento de su conocimiento intrínseco surgió en su mente a medida que la adrenalina la mantenía con los reflejos al límite.

  Distrae las partes mientras tu aliado acaba con el todo.

  En efecto, el guerrero de la selva se las arreglaba para infligir da?o en la cabeza de la criatura con su espada, mientras esquivaba los desesperados tentáculos, generando movimientos cada vez más rápidos e impredecibles.

  Ante este cambio de velocidad, Nava se vio obligada a usar su nueva habilidad, Salto Trampa, para mantener a tantas extremidades del monstruo intentando atraparla como pudo, pero al final intentó abarcar demasiadas, y fue golpeada brutalmente. Aunque sus habilidades de da?o eran poderosas y tenía mucha movilidad, la arpía carecía de armadura, y el ataque dejó su barra de vida en el mínimo. el propio golpe la dejó tan aturdida, que no alcanzó a ver el otro tentáculo que cayó sobre ella por la espalda.

  Su cuerpo quedó tendido en el suelo rocoso, pero de algún modo su conciencia y visión se elevaron sobre el campo de batalla, donde Tesca seguía luchando como un espectro entre los tentáculos, dando golpes en la cabeza de la criatura en cada oportunidad.

  Una notificación apareció frente a la “conciencia” de Nava’rel.

  Has muerto en combate. Tu alma permanecerá en el limbo mientras tu aliado permanezca en pie. Si ganas el combate, resucitarás, en caso contrario, tu alma caerá en el Vacío.

  Con un nudo en la garganta, Nava observó a Tesca luchando con fervor contra la criatura, cada vez más abrumado. Nunca se imaginó que su alma pudiera estar en juego antes de entrar en aquella sala final, pero de repente su aliado la había puesto en aquella situación.

  El guerrero seguía atacando la cabeza del monstruo en cada oportunidad, pero ahora todos los tentáculos caían sobre él desde varias direcciones, convirtiendo el campo en un terreno en el que era cada vez más difícil moverse para el nutch.

  Nava pensó que todo estaba perdido cuando un par de tentáculos golpearon al guerrero, justo cuando faltaba poco para agotar la barra de vida del monstruo. La vida del nutch quedó muy baja, y tal como ella, quedó aturdido por unos segundos.

  Pero su nivel era alto. Se recuperó con celeridad, y con la poca vida que le quedaba, cayó sobre la cabeza del monstruo con una habilidad especial que hizo brillar su cimitarra como un peque?o sol que iluminó la caverna. El monstruo rugió con un estremecedor ruido que hizo retumbar la cueva cuando la espada se clavó en su ojo.

  El Se?or del Vacío ha sido derrotado. Todos los participantes del combate reciben 500.000 puntos de experiencia.

  Entonces Nava’rel despertó de nuevo en su cuerpo, respirando con dificultad. Una nueva notificación surgió frente a sus ojos.

  ?Has alcanzado el nivel 20! Todos tus puntos han sido destinados al elemento viento.

  ?Has alcanzado el nivel 21! Todos tus puntos han sido destinados al elemento viento.

  ?Has alcanzado el nivel 22! Todos tus puntos han sido destinados al elemento viento.

  ?Has alcanzado el nivel 23! Todos tus puntos han sido destinados al elemento viento.

  Has aprendido tu habilidad definitiva: Aquelarre de la Se?ora Harpía: crea tres copias etéreas de ti que pueden confundir al enemigo y otorgar visión de los lugares que recorren.

  De un plumazo toda la rabia producida por el riesgo al que el nutch la había sometido se esfumó. Aquel nuevo poder cambiaba las cosas. Aún así no podía pasar por alto la situación en la que su “aliado” la había colocado.

  —Me pusiste en peligro. Has adecuado la mazmorra en el nivel más alto, donde el riesgo era real. Mi alma ha estado a poco de caer en el Vacío por toda la eternidad.

  —También la mía.— dijo él, tocando el mentón de la arpía en tono conciliatorio.—A veces tenemos que colocarnos en una situación de peligro para obtener grandes resultados. Te he ahorrado miles de horas de farmeo, pero para lograrlo, sabía que tenía que poner nuestras vidas en juego, de otro modo no habría luchado con la habilidad necesaria para vencer al monstruo de la mazmorra.

  Nava’rel suspiró. Era verdad.

  —Sabía que podía perderte. Por eso luché y vencí.

  Ella se levantó del suelo cavernoso a medida que recuperaba su energía.

  —Me perderás de todos modos. Aunque agradezco lo que has hecho por mí, me temo que ahora debo regresar a mi hogar. Las cosas allí se están poniendo feas. Y mi padre me necesita.

  él la tomó por los hombros. Su rostro empapado en sudor lo hacía lucir más masculino. Pero sus ojos de cachorro mostraban el anhelo de un amante.

  —Iré contigo. Ha llegado la hora de que mi pueblo se abra al mundo.

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